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Los cántaros vacíos

Los cántaros vacíos

Los cántaros vacíos

Hay gente que está vacía por dentro y suena bastante, como ocurre con los cántaros, que cuando están vacíos suenan, pero llenos no se sienten. Igual ocurre con algunos matrimonios que no funcionan y suenan, suenan bastante. Pero no ocurre lo mismo con las familias que perseveran. Claro, la perseverancia cuesta, cuando nos comprometemos a vivir una vida en común, no es fácil, pero todo lo que cuesta llega a tener un valor inmenso. No podemos ir al matrimonio pensando “yo me comprometo siempre que me vaya bien”, es imposible, en una convivencia surgen problemas de muchos tipos, pero que en la mayoría de las veces todo tienen solución. No podemos solo vivir de los compromisos emocionales. El sentimentalismo produce insatisfacción, una sociedad sentimental es una sociedad que queda a manos de la casualidad. En ella la gente quiere dejar de ser responsable y, es entonces cuando surgen los conflictos.

Esta tarde escuchaba el testimonio de unas parejas de novios que habían asistido a unos cursos de preparación al matrimonio. Estaban muy contentos porque decían que ellos se decidieron hacerlo por cumplir el requisito que les exigían en su Parroquia para contraer matrimonio. Uno de ellos comentaba que el estaba bautizado pero que nunca había practicado, pero ante el empeño de su novia fue. Pensaba que allí les iban a obligar, exigir, en fin que cuando se ha encontrado con el grupo de personas que les han ayudado a prepararse, donde han encontrado toda la ayuda necesaria y continúa para el futuro, está encantado. Igual decían el resto de los participantes. 


Quiero decir con esto, que para dar ese paso tan importante como es el matrimonio, formar una familia, debemos ir bien preparados y continuar siempre con esa formación que nunca acaba. Porque si pensamos, que para nuestro trabajo o profesión hemos empleado varios años de estudio y formación, mucho más importante es nuestra vida de familia. Vale la pena acercarse a la fuente y llenar los cántaros para que no suenen.

Elena Baeza Villena

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